
Cada mañana suena la alarma a la misma hora, el despertador que hace tiempo sustituí por mi movil de última generación ha dejado un espacio vacío que ahora llena el polvo, pero éste cumple sus funciones. Por las noches lo apago siempre pero tiene una memoria interna que, aún apagado, hace que suene y con su zumbido, mi amanecer.
Recorro somnoliento el trecho entre mi cuarto y el baño y tras los acontecimientos de todos conocidos me aseo, dejando para el final una inmersión del rostro en agua fría, de este modo empiezo a ser persona y mi cerebro deja de funcionar a trompicones para ejercer al pleno rendimiento que la naturaleza me ha otorgado, sin duda no fui de los grandes afortunados, sólo uno más.
Café templado, cortado y con sacarina, de pie, en la cocina solitaria donde, sobre la mesa, yace el tazón y la fruta que mi padre ha dejado colocado para mi madre antes de irse a trabajar. Hoy mi padre tenía clase a primera hora y mi madre (ambos en edad de jubilación pero distinto estado) se levantará un par de horas más tarde para adecentar la casa y salir a la compra. Para entonces ya estoy vestido, mi cerebro aun trabaja en impulsos inconexos.
Cojo mi móvil, mi bolsa del curro, las llaves del coche y la cartera - "No me dejo nada", pienso en voz alta mientras me palpo los bolsillos, abro la puerta y llamo al ascensor mientras vuelvo a revisar todos mis útiles.
La calle repleta de rostros anónimos haciendo fila detrás de sus bufandas ante las puertas del Inem. Cruzo la calle, peatonal, y me adentro en el garaje pensando en lo que puede rondar la cabeza de todos esos ojos que, desde su fila aún dormida, me observan en silencio y quietud.
Último piso, cada día se me hace más corto el tramo de escaleras. Mi coche en la ultima plaza, me quito el abrigo con las llaves puestas en la cerradura, abro la puerta trasera y dejo la cazadora y la bolsa, quito las llaves, entro, arranco y me pongo el cinturón. La radio aún no tiene suficiente onda así que me llegan a "cachos" las cosillas de "Anda ya", la radio parece que funciona como mi cerebro.
En el último giro de las rampas pulso la tecla del mando de la puerta del garaje, así cuando llegue ante ella estará abierta. Otra vez los mismos ojos de antes, que controlan que salga del garaje, ya pasaré a perderme en los resquicios de su memoria que aguardan otros acontecimientos.
La radio ya funciona y hoy he salido 2 minutos antes, creo que no habrá mucho tráfico y me libraré de los coches en doble fila, que dejan los padres en las aceras frente a los colegios, hasta la salida de Logroño.
Los mismos desvíos, los mismos pueblos. Hasta Sotés no soy consciente de que mi destino está cerca.
Aparco donde siempre, ajustado a la pared para dejar paso a otros vehículos que pasen por la estrecha calle en la trasera del edificio donde trabajo.
Salgo del coche y pienso que hoy será diferente, sí señor, hoy tengo muchos planes por cumplir.
...Ya son las 10, me bajo al café; el cartero, el cura, los de la oficina de información y las del pueblo. Buenos días Oscar, me siento en la banqueta y sin mediar palabra ya tengo mi café delante, gracias Oscar.
Hoy Carlos viene antes, mejor me voy por si no trae las llaves. Sí las trae, así que tras las anotaciones que tenía que comentarle vuelvo a bajar al bar donde a penas tengo tiempo de decir hasta mañana, no quiero estar demasiado rato.
...Ring, Ring... - "¿Coges o cojo?" - Ya cojo yo.
...Por fin la hora, - "Me voy Jesús, hasta mañana, ¿has traido las llaves?"
*...Retorno a mi casa deshaciendo el camino que hace ya varias horas he recorrido...*
- "Mamá ¿Qué hay para comer?...estaba rico" (uno ha sido cocinero y sabe apreciar el esfuerzo de preparar el menú diario).
Mis platos en la pila y hoy hay tiempo para siesta...
Hoy será diferente, tengo mucho por hacer...la verdadera historia comienza aquí, la tarde, la vida me espera...
...Apago la luz, -"Buenas noches", me digo a mí mismo.